Ni comparar oiga.
Eso de “juventud divino tesoro” si lo aplicamos a la ingenuidad igual es aplicable, pero si lo aplicamos a la calidad de vida y a la seguridad en uno mismo ya no vale.
Cuarenta añitos que cumplió ayer una servidora y la verdad eso de ser cuarentona me sienta de maravilla. Miro y analizo mi vida y me gusta lo que veo:
No me acompleja mi nariz, no me acompleja el tener algún kilito de más, pese a que quepo en una 40 de zara, que mira que hacen tallas justitas…
Tomás es lo mejor que me ha pasado y no me pregunten cuánto hace que estoy con él, porque no lo sabría decir, ¿qué había antes?, no recuerdo cómo era antes de que me sucediese él.
Profesionalmente tengo un trabajo que me encanta y que me llena de satisfacciones, cada una de las personas que trabajan en la empresa me aportan algo positivo. Las relaciones con proveedores son cordiales y amenas: respeto y se me respeta. Las relaciones con clientes son satisfactorias, resultado del esfuerzo y el espíritu que hay en el trabajo y el ir por la calle saludando y siendo saludada con alegría es la mayor recompensa. Y el querer mejorar cada día el mejor aliciente para levantarme a las horas que me levanto (4:00 de la mañana)
Total que ayer cumplí 40 y me reafirmo en lo que ya descubrí hace unos años, no muchos:
Me perdono mis defectos y también los tuyos. Porque he aprendido que nada ni nadie es bueno o malo, ni blanco o negro. Y cada vez me doy más cuenta de que mientras más aprendo, menos sé y más quiero aprender.
Además, qué leches, yo me veo guapísima y sexy, pisando fuerte y vital…
Y para muestra esta foto que me hizo ayer Tomás, con un vestidito que me regaló por ser ya una cuarentona,
cuanrentañera.











